¿Cómo hacer más con lo mismo?

¿Cómo hacer más con lo mismo?

Andrés Manuel López Obrador es hoy nuestro presidente electo y su victoria significó la derrota del discurso opositor al cambio que lo llamó, entre otras cosas, populista, por proponer cambios que en ese entonces les parecían imposibles; sobre todo considerando que no aumentarán ni se crearán nuevos impuestos.

¿De dónde saldrá el dinero? Era la pregunta más frecuente de los escépticos. El plan de ahorro y reasignación del gasto público, que incluye el recorte de sueldos de los altos funcionarios, eliminación de prestaciones y un menor gasto en comunicación social, se estima en 105 mil 223 millones de pesos, lo que se sumará a lo ahorrado por el combate a la corrupción y será apuntalado por la inversión privada.

Carlos Urzúa, quien será Secretario de Hacienda en el gobierno de Obrador durante el próximo sexenio, aseguró que se espera tener ahorros entre 1 y 2% del Producto Interno Bruto, al centralizar las compras gubernamentales.

A este conjunto de acciones encaminadas a sanear las finanzas públicas y el gasto gubernamental le llamamos Austeridad Republicana, y tiene un vínculo profundo con la necesidad de recuperar nuestros valores culturales, morales y espirituales que Obrador reiteró infinidad de veces durante su campaña.

En efecto, el sistema nacional anticorrupción que durante el sexenio de Peña Nieto se presentó como la solución a este enorme problema, no puede sino engrosar la burocracia y crear nuevas complicidades, si no se ve acompañada de una regeneración ética de los funcionarios públicos, empresarios y sociedad civil.

Esta urgencia de regresar la vocación de servicio y la honradez a los funcionarios tiene, obligatoriamente, que pasar por la comprensión del VALOR que tiene la palabra democracia, y olvidar la ambición que fue el único motivo que impulsó a la clase política, que por tantos años desfalcó a nuestra nación.

Regresar a los valores y reconocer nuestras riquezas son el único camino eficaz para regenerar la política mexicana, no con “mano dura” ni con más leyes, como ya ha quedado demostrado.

Sobriedad era la palabra que en este sentido utilizaba Pepe Mujica, el expresidente de Uruguay que antes, durante y después de su mandato supo conservar un estilo de vida promedio, pues aseguraba que la vida suntuosa era una especie de disfraz.

Las enormes diferencias entre los políticos y los ciudadanos terminaron por polarizar a la sociedad y acabar con la legitimidad de los gobiernos. Como decía Obrador, tenemos un gobierno rico y un pueblo pobre.

Regresar a lo auténtico, a lo verdadero, significa acabar con la mentira también en el discurso político. Hablar de frente a la ciudadanía y no mentir, no robar y no traicionar al pueblo. Así lo dijimos en campaña y así trabajaremos en esta nueva era. Juntos cambiaremos la historia.