De la constitución política a la constitución moral

De la constitución política a la constitución moral

Hoy celebramos el cumpleaños número 103 de nuestra norma fundamental, que en su tiempo fue una de las más adelantadas en cuanto a derechos sociales se refiere, pues fue fruto de una lucha armada e ideológica que logró colocar al centro de las discusiones jurídicas al ser humano y su desarrollo, antes que a las instituciones.

El 25 de mayo de 1911, fecha de la aceptación en la Cámara de Diputados de la renuncia del presidente Porfirio Díaz, marcó una clara influencia en movimientos sociales a lo largo del mundo, ya que nos encontrábamos en un periodo de transición en el que las fórmulas feudales y el incipiente capitalismo convivían oprimiendo de forma desmedida a los trabajadores.

Por ello la consagración de los derechos laborales en el artículo 123 de la Constitución del 17 fue un parte aguas para el mundo jurídico, ya que dichas disposiciones usualmente quedaban plasmadas en leyes reglamentarias; sin embargo, dado el protagonismo del campesinado y el sindicalismo en la revolución, fueron elevados a nivel constitucional.

A 103 años de su nacimiento, y con la primera verdadera transición en México, nuestra Constitución Política toma un segundo aire para que los ideales de justicia, igualdad y libertad, pasen de la tinta a la vida cotidiana de todas las familias mexicanas.

A este respecto, el presidente Andrés Manuel ha declarado su intención de promover reformas constitucionales para plasmar en dicho documento el derecho a las becas, pensiones y demás apoyos económicos que permitan vivir dignamente a toda la población, con énfasis en los grupos más vulnerables.

Asimismo, y como lo prometiera en campaña, se está elaborando una Constitución Moral que sería llevada a consulta popular para su aprobación. Este documento no tendría carácter legal, sino que sería un compendio de principios y valores que ayuden a la 4ta transformación de México, la primera que tiene como bandera el pacifismo y la reconciliación.

Si bien las constituciones políticas pueden asemejarse a las actas de nacimiento, en el sentido que marcan el origen de una nueva organización, su nombre, su territorio y demás, la constitución moral vendría a ser el paso a nuestra mayoría de edad como nación mexicana, siendo que a través del sentido ético somos capaces de responsabilizarnos de nuestra propia conducta y su impacto en la sociedad que vivimos.

Concluida la era del caudillismo, en a que sólo algunos elegidos eran capaces de cambiar el rumbo de la historia, comienza la era ciudadana, en la que sólo la sociedad en su conjunto es capaz de transformar de fondo la realidad en que vivimos; claro, sin olvidar la responsabilidad de los funcionarios públicos.

Reconfigurar la forma en que pensamos y actuamos puede parecer una empresa tan complicada que toque lo imposible, pero precisamente esa es la barrera que estamos derribando.

Con este esfuerzo estamos dando un mensaje fuerte a las nuevas generaciones, que deben romper los patrones de conducta dirigidos a las puras aspiraciones personales, conectándolas con el sentido de pertenencia, de amor a la familia, de patriotismo y responsabilidad ecológica de nuestro paso por la tierra.