De la reflexión a la acción ciudadana

De la reflexión a la acción ciudadana

La semana pasada fue de mucha agitación a nivel internacional, nacional y estatal. Comenzamos con dos atropellos masivos, uno en Estados Unidos de América y otro en Barcelona. El primero, tras la máscara de la supremacía blanca neonazi y, el segundo, tras la del terrorismo ligado al islamismo radical.

En el plano nacional, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), reportó que en México el 66.1% de las mujeres han sufrido alguna vez en su vida agresiones de tipo sexual, física, laboral o emocional.

Por su parte, la organización “Artículo 19”, informó que la violencia contra periodistas se agudizó en el primer semestre del 2017, con 276 agresiones que incluyen seis asesinatos, lo que representa 23% más que el mismo periodo del año pasado, sin mencionar el ataque que realizó un grupo armado contra comerciantes de un tianguis en Acapulco, que dejó al menos 10 muertos.

En Zacatecas, las ejecuciones, los “levantones”, las extorciones y los robos, son el pan nuestro de cada día para la población. Además, se siguen encontrando nuevas fosas clandestinas, como fue el caso, recientemente, en Valparaíso. Todo esto, abonan a la innegable crisis de seguridad por la que atraviesa la entidad.

¿Qué tienen en común todos estos actos de violencia?

La indignante tolerancia de los gobiernos que simplemente dejan que las situaciones empeoren poco a poco. En el caso de Estados Unidos, con un discurso de intolerancia y aceptación de la voz de un grupo de personas que, escondidas en un falso orgullo nacional o racial, preconizan su supremacía y, en consecuencia, la inferioridad de otros grupos, ello, significa dar un enorme salto para atrás en la historia.

Los hechos en Europa son otra muestra de los horrores de la intolerancia. Los motivos pueden ser religiosos, políticos, territoriales, culturales, económicos, etcétera, pero detrás de cada muestra de violencia contra la humanidad, se encuentra la ignorancia y el miedo.

En el caso mexicano, vemos cómo cada día es más normal despertar con la noticia del homicidio de un periodista; de una joven maniatada, violada y asesinada; de un luchador social desaparecido; o de negocios multimillonarios a costa del dinero público.

Las autoridades simplemente se encojen de hombros y se lavan las manos con un discurso que responsabiliza a la idiosincrasia mexicana o a la narcocultura, sin advertir que su inactividad, la impunidad y la corrupción que los ha podrido son el principal combustible de la violencia y la inseguridad que sufre la sociedad.

Como vemos, la tolerancia en ocasiones, como escribe Karl Popper en “La sociedad abierta y sus enemigos”, juega en contra de quienes son tolerantes. Debemos ser capaces (organizacional e intelectualmente), de articular un discurso a favor de la libertad de pensamiento que no pueda ir contra la humanidad, pues es ésta la que le da sentido al propio pensamiento.

Es nuestra responsabilidad condenar la violencia en todas sus formas, sea la de un grupo armado del narcotráfico, de un grupo separatista, del terrorismo, del racismo o el nacionalismo.

Luchar por la humanidad significa ir más allá de defender la paz, debemos apuntar más alto. Debemos pelear por la igualdad, no sólo jurídica, sino social; por la repartición equitativa de la riqueza; por la dignidad laboral y salarios justos; por la seguridad social y pública; por la igualdad de género; por la libertad de pensamiento y periodística; y por la fraternidad entre las naciones.

El papel que juega la ciudadanía es crucial. Por ello, debemos informarnos, cultivar el amor en la familia, la comunicación entre vecinos y la organización política. Morena es quien ha tomado esa labor en sus manos, es decir, quienes conformamos Morena, hemos tomado esa responsabilidad para luchar por una sociedad digna.

Esta reflexión debe desembocar en la acción, 2018 será el campo de batalla, donde la sociedad mexicana se reencontrará con la gloria de la victoria de un pueblo unido y combatiente.