El fraude que viene

El fraude que viene

Todas las encuestas y sondeos de opinión, realizadas durante el primer trimestre de este año, son claras: Andrés Manuel López Obrador, ganaría las elecciones presidenciales con 5 puntos de ventaja al PAN y 10 al PRI, con el candidato que sea. La gente ya decidió, está cansada del desgobierno y de la corrupción fomentada por éste.

Este mismo escenario se reproduce, con algunas variantes, a nivel local. En el Estado de México, los datos son muy ilustrativos y consistentes:  8 de cada 10 mexiquenses reprueban a Peña Nieto; 79% quieren la alternancia; 42% no votaría por el PRI; 26% repudia al candidato oficial (Alfredo del Mazo Maza); 36% piensa que del Mazo es el que robaría más; 40% cree que del Mazo gobernaría sólo para los poderosos; 53% desaprueba el gobierno de Eruviel Ávila; 72% piensa que las cosas ya se salieron de control en esa entidad. Además, si la elección fuera únicamente entre Morena y el PRI, la profesora Delfina Gómez Álvarez le ganaría con 48% de las preferencias a Alfredo del Mazo, quien sólo obtendría 26% de los votos; y si la contienda electoral fuera entre Morena y el PAN, la abanderada de Morena le ganaría con 40% de las preferencias a Josefina Vázquez Mota, quien obtendría el 35%.

Para Enrique Peña Nieto es de vital importancia la elección del Estado de México, no sólo por tratarse de su tierra, sino que esa entidad es la que mayor número de votos aporta a nivel nacional y, además, ha sido el bastión histórico del PRI. En pocas palabras, en esta elección él, su partido y todo el grupo compacto de intereses que hoy tienen secuestradas a las instituciones públicas, se juegan la vida. La llegada a la Presidencia de la República de alguien honesto y cercano al pueblo, como López Obrador, implicaría la pérdida de enormes privilegios políticos y económicos, además de la responsabilidad penal para muchos que han amasado enormes fortunas al amparo del poder público. 

Al darse cuenta “La Mafia del Poder”, de que ninguno de sus candidatos del PRIAN, logrará reunir suficientes votos para ganar limpiamente en las próximas elecciones, tanto en las locales como en la presidencial, ya ideó y está poniendo en marcha una estrategia que conjuga los elementos del 2006 y del 2012, para consumar un nuevo fraude electoral. 

Al contar con la complicidad de las instituciones electorales (que en su mayoría están integradas por gente cercana al PRI y al PAN), con la mayoría de los medios de comunicación que manipulan la información en función de sus intereses y con el aparato institucional que funciona como una gran red de despilfarro y corporativismo, ya podemos ver que está a la orden del día el uso de dinero de procedencia ilícita, el derroche de recursos públicos la manipulación de programas sociales. la entrega de despensas, tinacos, laminas, material para la construcción y tarjetas con más de 2 mil pesos (tipo Monex), así como el rebase de los gastos de campaña establecidos por la ley electoral, la movilización de los cuerpos de seguridad para amedrentar a la gente, actos de violencia el día de la jornada electoral, con el fin de que los ciudadanos no salgan  de sus casas para participar en los comicios, la utilización de las redes sociales para sembrar pánico y miedo entre la población, encuestas cuchareadas, hackeo y manipulación digital, campañas negras que fomentan el odio, la división y el miedo, acarreos enormes a los actos de campaña, y el operativo de compra y coacción de voto, que será complementado con técnicas sutiles de manipulación informativa, la orden a los consejos distritales del INE para que limiten al máximo el recuento de los votos, la negativa a permitir el escrutinio ciudadano de las boletas electorales y la destrucción inmediata de las boletas electorales tan pronto se dé la validación de la elección. 

Los cálculos que se han hecho desde la Presidencia de la República, suponen que si todo marcha a la perfección, esta siniestra y sistemática violación a la Constitución y a los principios democráticos, llevaría, primero, a imponer al Gobernador del Estado de México y, después, al nuevo inquilino de Los Pinos. Esto mismo fue lo que hicieron en Zacatecas, con la elección de Estado que nos arrebató la Gubernatura, y esto mismo es lo que quieren hacer este y el próximo año.  

La pregunta obligada es: ¿Cómo evitar la imposición y este nuevo fraude? Con la concientización y la organización de la gente, en esta labor las redes sociales y las plataformas de medios de comunicación independientes, así como los comités municipales y seccionales de Morena, juegan un papel fundamental, por un lado, se informará de lo que realmente pasa y se contrarrestará la mentira y la calumnia, por el otro, antes durante y después de la jornada electoral, tendremos un ejército de ciudadanos que nos ayudarán a cuidar las casillas y las boletas. A lo anterior habría que añadir que la gente debe votar feliz, convencida de que es una oportunidad histórica para acabar con el mal gobierno, y esto se tiene que dar de manera masiva para que el triunfo de Andrés Manuel López Obrador no admita dudas ni impugnación alguna.

  • Jesús Ibarra Salazar

    En primer lugar, es necesario entender lo que es el fraude electoral. Desde mi perspectiva el fraude electoral se relaciona con la correspondencia que existe entre los entes ciudadano-boleta-voto y su necesaria igualdad numérica en cada casilla, para cada elección y entre las votaciones totales emitidas para cada una de estas.
    De otro modo, si 150 ciudadanos acuden a votar en una casilla, entonces en cada urna, de cada elección, debe haber 150 boletas de tal elección y en las actas, de cada elección, debe haber 150 votos totales, cantidades que deben aparecer, para cada elección tanto en el PREP como en los cómputos definitivos.
    ¿Cómo entender que estas cantidades sean diferentes entre una y otra elección? Aventuro que en la que hay más votos es posible que se hayan agregado votos a uno de los partidos o candidato, son votos espurios y por ello la suma total es mayor; o puede ser que en la menor, a uno de los partidos o candidato le hayan restado votos.
    ¿Cómo detectarlo? Comparando las votaciones totales de dos elecciones (en parejas), casilla por casilla y si hay diferencias, señalarlas como atípicas; tener a la mano las dos actas y presentar a las instituciones correspondientes se aclare y resuelva el problema, con la lista de casillas del distrito, del estado o nacional y las actas de las tres o más elecciones (en el 2018 habrá elecciones concurrentes de elecciones federales y locales, en casillas en el mismo espacio).
    Mientras se siga confundiendo delitos como la compra y coacción del voto, como fraude electoral, sin tomar en cuenta esta realidad mexicana de trasiego de votos, es fraude electoral seguirá pasando inadvertido.