La verdadera política

La verdadera política

A la historia política de México no le faltan fechas dramáticas, desde la caída de Tenochtitlán, pasando por las luchas independentistas, la guerra de reforma, la cristera, la revolución y un lamentable etcétera.

Las guerras siempre están financiadas por algún grupo de amplio poder económico que tiene interés en que ciertos sectores de la población peleen a muerte, y sobre ese esquema construimos lo que llamamos el México institucional.

Quienes creemos en los ideales democráticos, hemos tenido un largo peregrinar en busca de la unidad que nos pudiera ofrecer una realidad digna en la cual poder desarrollar el potencial de la nación.

Irónicamente fue en medio de la desgracia cuando todas las falsas divisiones ideológicas, religiosas, económicas y sociales se desvanecieron.

Confieso que me siento profundamente conmovido y asombrado de la fuerza y el ímpetu de cada persona que ha tendido la mano a quien lo necesita.

Todos los discursos de unidad quedaron pequeños ante la avasalladora fraternidad que se dejó sentir en el centro del país, como un corazón que bombeaba esperanza hacia todas las zonas afectadas.

Por eso hoy más que nunca confío en cada uno de nosotros, confío en que la pobreza puede acabar, en que podemos despertar de la pesadilla de la violencia, en que el pueblo debe mandar y el gobierno obedecer, como bien lo decían nuestros hermanos zapatistas.

La clase política fue claramente rebasada por la verdadera política. Por la administración justa e inteligente del pueblo organizado. Esta lección de la naturaleza debe acompañarnos en la vida pública de nuestro país.

En 2018 viene una prueba para la nación. Debemos conservar esta organización para protagonizar la democracia, para dar una gran lección de lo que significa en verdad esa palabra. Ya no seremos espectadores de los tradicionales fraudes.

Nadie mejor que el pueblo sabe lo que el pueblo necesita; nadie mejor que el pueblo para administrar los recursos del pueblo; nadie mejor que el pueblo para hablar por el pueblo.

Como representante popular estaré a la altura y seré un servidor de los fines democráticos. En cuerpo y mente estaré con los damnificados de este desastre natural y también con los damnificados del desastre económico y político que lleva muchos sexenios golpeando a los mexicanos.

Me sumo al llamado histórico y humano al que hoy todos somos convocados, y me permito darle fuerza a esa voz con una vieja consigna de lucha. ¡Únete pueblo, hoy es tu día!