Las debilidades de Meade

Las debilidades de Meade

  • Malos resultados en sus cargos, complicidad con el gobierno de Calderón y Peña Nieto, algunos de sus puntos débiles.

 

El precandidato del PRI, José Antonio Meade, no ha logrado competir con Andrés Manuel López Obrador, que encabeza cada encuesta que se publica, pero no sólo eso, en algunas cae hasta el tercer lugar por debajo del candidato presidencial del PAN, Ricardo Anaya.

Algunos medios noticiosos han hablado incluso de la posibilidad de cambiar a Meade por un candidato más carismático, pero Enrique Peña Nieto y distintas figuras del priismo a nivel nacional han desestimado este escenario.

A pesar de gastar millones de pesos del erario público para promocionar la repudiada imagen del precandidato y la marca del PRI, la derrota electoral ya golpea el ánimo al interior de su partido. Pero ¿Por qué Meade es rechazado por la mayoría de los pocos mexicanos que a la fecha lo conocen?

Hay una larga lista de motivos para su anunciado fracaso, en primer lugar, tenemos que su paso por la administración pública federal no ha sido muy provechosa para los mexicanos, como secretario de estado no ha reportado ningún adelanto palpable en la vida diaria de las familias mexicanas, por el contrario, ha sido cómplice de las políticas neoliberales ejecutadas contra los intereses de las mayorías en beneficio de unos cuantos privilegiados.

En segundo lugar, dentro de su partido existe recelo respecto de la lealtad de Meade al escudo priista, pues cambio de un patrón azul (Calderón) a uno tricolor (Peña Nieto), sin ningún problema ideológico. ¿Será que Meade no es de derecha ni de centro sino de donde provengan sus pagos?

Su falta de claridad política y su insostenible discurso de institucionalidad lo marcan como un candidato débil ante la opinión pública.

Además, y como era de esperarse, Meade ha tenido que mantener una postura muy incómoda respecto de sus balances del México actual y sus perspectivas futuras. Ha tenido que aplaudir (aunque nadie más lo haga), los “logros” del sexenio Peñista e intentar ignorar a la crítica que, con datos oficiales e independientes, han demostrado que el PRI fracasó al frente del gobierno federal; tampoco ha podido señalar a los culpables de ese fracaso con nombres y apellidos (será que son sus amigos), ni establecer propuestas claras sobre cómo acabar con la corrupción que su propio partido engarzó en la administración pública.

En fin, son muchas las razones por las cuales el candidato del PRI simplemente no figura como una alternativa de gobierno para la sociedad mexicana actual, y como ciudadanos debemos ir al fondo de esta crítica, no sólo para derrocar al régimen corrupto del PRI y sus aliados, también para trazar una ruta clara de desarrollo que no recaiga en sus mismos vicios.