Ley de Seguridad Interior; una advertencia del dinosaurio priista

Ley de Seguridad Interior; una advertencia del dinosaurio priista

  • Militarización y violencia que no ofrecen seguridad, sino miedo

Otra vez el PRI, como brazo político hegemónico del neoliberalismo, diseña una ley que insiste en volver a México un campo de guerra.

Desde 2006 comenzó la llamada guerra contra el narco que ha tenido terribles consecuencias sociales: 55 homicidios diarios en promedio, más de 120 mil desaparecidos, aumento del delito de secuestro, extorsión y una sensación generalizada de inseguridad que colocó a nuestro país como uno de los más violentos del mundo.

Al mismo tiempo se supo de graves casos de violaciones a los derechos humanos por parte de las fuerzas armadas. Quizá uno de los casos más emblemáticos sea el de los 43 normalistas de Ayotzinapa, pero tampoco olvidamos los casos de Apatzingán, Tanhuato, Tlatlaya, Nochixtlán, etc.

La impunidad sistemática que ha operado para proteger a los responsables de estos crímenes de Estado, nos advierte del peligro que corre la población mexicana a manos de un gobierno autoritario, represivo e intolerante a la crítica, cuando se otorgan facultades policíacas a cuerpos militares.

El mensaje de la ley en comento es claro: la fracasada estrategia de seguridad seguirá adelante, los militares no regresarán a los cuarteles, el poder estará cada vez más centralizado (recordemos que la Secretaría de Gobernación “absorbió” las facultades de la desaparecida Secretaría de Seguridad Pública), la violencia en las calles seguirá creciendo.

Quizá no se equivocaba la senadora Layda Sansores del Partido del Trabajo cuando llamó fascista a Miguel Ángel Osorio Chong, secretario de gobernación, al señalar los saldos rojos de esta reprobable estrategia. ¿Será coincidencia que México sea uno de los países más peligroso para ejercer el periodismo? ¿Es coincidencia la profunda corrupción, la sistemática represión de expresiones políticas opositoras? No lo creo.

Es justo en el cierre del sexenio de Peña Nieto que se deja ver el verdadero rostro del dinosaurio priista: la colusión entre el ejecutivo, el legislativo y judicial, así como entre los diversos partidos políticos y aspirante “independientes”, dan muestra de que México dista mucho de ser una auténtica democracia.

Baste recordar los horribles crímenes que el priismo, haciendo uso de las fuerzas armadas, cometió contra el mismo pueblo que paga sus lujosas vidas: Tlatelolco 68, Cananea, ‘El Halconazo’, Aguas Blancas, Acteal y un lastimoso etcétera.

En manos de la sociedad está la posibilidad de cambio. El sentimiento de unidad que tenemos como nación independiente es el motor de lucha contra el mal gobierno. Sabemos y podemos hacer verdadera política y no negocios. Conocemos la realidad que se vive en las calles y hemos de construir un país más justo para que nosotros y nuestras familias podamos vivir en paz.

Las balas nunca serán la respuesta correcta. La violencia nunca traerá paz. Sólo la razón, el diálogo y los acuerdos son nuestra esperanza. En Morena abrazamos las causas justas e impulsamos una visión de paz y justicia diferente; real. 2018 será el año en que demostremos con hechos que tenemos palabra.