México sí puede

México sí puede

El gobierno de Peña Nieto ha sido quizá uno de los más difíciles de los últimos sexenios. Además de los desastres naturales, hemos sufrido una gran cantidad de desastres socioeconómicos. No hay día que falte la nota roja con personas asesinadas, desaparecidas, secuestradas, en fin… Baste mencionar a Mara Castilla, la joven que fue recientemente violada y asesinada por el conductor de su transporte solicitado a través de Cabify.

A la par de estos horrores, vivimos también otro tipo de violencia estructural: la violencia contra periodistas. Este gremio es azotado por cumplir una función social y procurar el derecho humano a la información. ¿Quién está detrás de las agresiones contra periodistas?, ¿Quién se beneficia con la desinformación?, ¿Quién pierde cuando la verdad sale a la luz?

Por si fuera poco, los funcionarios públicos hoy más que nunca están sumidos en la corrupción y las víctimas deben sufrir un doble tormento en el poder judicial por la impunidad rampante.

El discurso de Peña se resume así: “La corrupción es parte de la cultura nacional; funcionarios y gobernados son igualmente corruptos y el cambio será gradual y lento”.

Ese discurso ofende la inteligencia y la sensibilidad de muchos, entre los que me incluyo, porque decir que la violencia es cultural sólo es muestra de una profunda ignorancia política y un desvergonzado cinismo mediático.

El presidente de México se rodeó, desde su gobierno en el Estado de México (y probablemente desde temprana edad), de políticos y empresarios rapaces, frívolos y hambrientos de fortunas fáciles a través de negocios fraudulentos. Para él y los miembros de su clase política, ganar una elección es sinónimo de “pegarle al gordo”.

Desde sus empleados de campaña, pasando por sus amigos, familiares y compinches políticos, pareciera que en cada flanco de su vida pública y privada la corrupción se encuentra presente. En estas condiciones, es obvio que la impunidad campee por toda la nación.

Si existiera justicia, el mismo presidente estaría enfrentando un juicio por los contados y sonados casos de corrupción de él, su familia, amigos y funcionarios.

El cambio gradual al que se refiere el presidente es ese que empieza cada que termina un sexenio; el puramente electoral, en el que se entregan a los chivos expiatorios del viejo priísmo para dar paso a los nuevos, que continuarán así una larga tradición de delincuencia organizada. Es, para decirlo en términos sencillos; gatopardismo, donde todo cambia para seguir igual.

Sin embargo, la sociedad sigue saliendo a las calles, las mujeres siguen alzando la voz, los periodistas siguen reportando los crímenes del narco-estado y la llama de la esperanza sigue dando luz al oscuro panorama nacional.

La unidad, la cooperación, la confianza y el liderazgo protagónico de la multitud, es la fórmula que históricamente nos ha hecho crecer, cambiar y evolucionar.

Ahora que ha iniciado el proceso electoral 2017-2018, hago un llamado a la consciencia de cada lector, de cada militante y de cada ciudadano: no permitamos que el miedo nos gane, tomemos el ejemplo de las familias que buscan a sus desaparecidos, de quienes pelean por justicia para sus muertos en el aletargado sistema judicial, de quienes viven en la pobreza más indigna y aún así se levanta día a día para construir un mundo mejor.

De mi parte lo que puedo ofrecer es rectitud e integridad moral en mi quehacer político. Siempre lucharé por la democracia que quiero. Siempre lucharé porque algún día exista en México paz y justicia. Siempre denunciaremos las mentiras y daremos luz a la verdad que brota de la realidad cotidiana que se vive en las calles.