Obrador y la esperanza del campo

Obrador y la esperanza del campo

Buena parte de la historia de México se desarrolló en un ambiente rural. Desde le época precolombina, pasando por la conquista, el virreinato, los primeros años de vida independiente, la revolución y es hasta finales del siglo pasado que comienza a afianzarse la industria y la vida urbana en las capitales de las entidades federativas.

Antes de comenzar este sexenio las cifras de población urbana-rural ya se encontraban en una proporción de 80-20, respectivamente.

La población económicamente activa que trabaja en el campo se ve en una grave situación de desigualdad. La pobreza en México está claramente concentrada en zonas rurales, a las que se suman carencias como la falta de oferta educativa, servicios de salud, discriminación étnica, etc.

El único interés real que muestran los gobiernos respecto al campo son los apoyos a productores con potencial de exportación, lo que mantiene una balanza comercial más o menos saludable, pero que focaliza los recursos olvidando a la población más necesitada.

Por este esquema, aunque somos exportadores de productos agropecuarios, también somos tremendamente dependientes de las importaciones, principalmente de Estados Unidos. Dicha dependencia ha crecido 33% en los últimos 20 años, periodo que concuerda con la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio (TLC).

Esta lógica comercial que sacrifica la vida de millones de mexicanos debe cambiarse por no ser compatible con la visión de desarrollo democrático que establecen nuestros principios fundacionales de nación. La pobreza no puede seguir siendo parte de la lógica económica en México, sino un problema a resolver.

Los pequeños productores necesitan condiciones comerciales justas para incidir en los mercados, para lo que evidentemente se requiere inversión de capitales, pero sobre todo organización cooperativa que dé fuerza a los trabajadores del campo.

No se trata de ver en el campo a personas necesitadas, sino un gran potencial de crecimiento y enriquecimiento económico, político y cultural. Es en el trabajo de la tierra que muchos encontramos nuestras raíces familiares y culturales, no podemos condenarnos al olvido por vivir sometidos a un modelo que se dedica a crear pobreza y desigualdad para costear la opulencia de unos cuantos.

En este sentido, ayer el candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador dijo que“La propiedad social de México es muy fuerte, muy rica, muy poderosa. Los campesinos, los indígenas de México son dueños de más de 100 millones de hectáreas; se tienen las tierras, el agua y en esos territorios hay muchas riquezas naturales”.

Con miembros de este sector productivo firmó un documento que llamaron Plan de Ayala 2.0, en el que se expresan los lineamientos básicos del rescate al campo que el proyecto de nación impulsará una vez que ganemos los comicios del próximo 1 de julio.

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