Plumas rotas y silenciadas

Plumas rotas y silenciadas

Cada pluma rota y silenciada por la delincuencia, es un atentado contra la libertad de expresión, y cada periodista asesinado es un crimen contra la democracia.

Los cobardes asesinatos de Javier Valdez y de Jonathan Rodríguez, no sólo engrosan la indignante lista de crímenes en contra de periodistas, y que han hecho de México el tercer país más peligroso del mundo para ejercer esta profesión.

En lo que va de este año, a 7 periodistas les han arrebatado la vida. En lo que va del  sexenio de Enrique Peña Nieto, han sido asesinados 36 periodistas. Y de enero del 2000 a septiembre de 2015, se contabilizan 103 homicidios de periodistas, de acuerdo con el Informe Estadístico de la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos Cometidos contra la Libertad de Expresión (FEADLE).

El Estado mexicano está fallado en su obligación de garantizar el derecho más preciado que tiene cada persona: la vida.

Se están perdiendo mentes críticas, personas con valor, profesionistas que alzan la voz ante los abusos y las omisiones del crimen o las autoridades, o de ambos cuando se trata de un contubernio.

Silenciar voces, en un contexto de violencia y de ingobernabilidad, es el combustible que pone en marcha la maquinaria del autoritarismo.

Las entidades federativas que registran el mayor número de asesinatos de periodistas son: Chihuahua, Veracruz, Tamaulipas, Guerrero y Sinaloa, estados que en los últimos años han sido azotados por el crimen organizado, por tal razón, la tarea de informar a la población resulta hostil y casi imposible, aun así “se tiene que hacer”, a decir de muchos profesionales comprometidos con el deber de generar consciencia e influir en la opinión pública.

Las cifras hablan por sí solas y demuestran que las agresiones en contra de comunicadores han tenido un aumento directamente proporcional al crecimiento de la corrupción y la impunidad. Por eso, pese a que se hagan exhortos, se nombren fiscales o se anuncien una serie de medidas como las que hizo Peña Nieto este miércoles, difícilmente tendrán éxito si no se acaba con la corrupción.

Urge no sólo establecer mecanismos de protección para periodistas, sino hacerlos efectivos. Cada es más fuerte el reclamo de la sociedad y de los comunicólogos: “queremos justicia, no discursos”.

¡Ni uno más, ni uno menos!