Tener fe

Tener fe

Dice un dicho popular que: lo que mal empieza, mal acaba. Recién extraditado de Guatemala a México, Javier Duarte -el nuevo rostro del viejo PRI que tanto presumía Peña Nieto-, un Juez federal otorgó la suspensión contra dos órdenes de aprehensión dictadas contra el ex gobernador de Veracruz, fue enviado a un penal “de lujo” que a decir de la Comisión Nacional de Derechos Humanos es de los mejores en el país y, finalmente, en la primera audiencia judicial se evidenciaron las carencias y la falta de preparación del personal de la Procuraduría General de la República en el caso, donde no sólo no eran capaces de sustentar las acusaciones, sino que cada réplica de la defensa de Duarte, parecía tener toda la intención de exhibir y ridiculizar al personal de la PGR.

Pese a que estuvo prófugo nueve meses Javier Duarte, a pesar de las enormes evidencias de corrupción, desfalcos, desvió de recursos y un daño al erario público de más de 35 mil millones de pesos, todo esto pareciera no haber sido suficiente para que el Ministerio Público de la federación pudiera ser capaz de integrar adecuadamente los elementos de modo, tiempo y lugar, y así ejercitar la acción penal de manera adecuada y defenderla ante los tribunales judiciales.

En un país con tanta corrupción y donde el gobierno es el principal operador de la impunidad para amigos y familiares, deja muchas dudas si de verdad la actuación de la PGR fue deficiente por naturaleza o, de plano, se trató de una hábil maquinación para imponer pretensiones fraudulentas y contrarias al Estado de derecho. Más aún, cuando en su estancia en Guatemala, Javier Duarte siempre se dirigió en un tono sarcástico y con una sonrisa burlona a los medios de comunicación, parecía hasta desafiar a las autoridades sin el más mínimo pudor.

Ante esta duda fundada, que el Secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, salga a decir que “hay que tener fe en la institución [PGR], hay que tener fe en el trabajo que van a realizar y esperar a que el proceso siga”, resulta un argumento kafkiano, donde pudiera estar la esperanza para todos, menos para nosotros, quienes exigimos un basta a los abusos y omisiones del poder.

 

Pedir a los ciudadanos que tengamos fe en una institución completamente al servicio de la Presidencia de la República, en un país donde los propios gobernantes son quienes violentan la ley y donde la corrupción es el pan nuestro de cada día, es lo mismo que un llamado a misa, es lo mismo que una suma de buenos deseos, es lo mismo que relegar al cajón de las buenas intenciones el acceso a la justicia. Es una visión de los vencidos.

Con un gobierno corrupto y corruptor, como el de Peña Nieto, a nadie nos extrañe que el día de mañana Javier Duarte, pase de ser el “chivo expiatorio” o el “bufón” del combate simulado a la corrupción, a un auténtico “verdugo” del sistema de procuración e impartición de justicia.