Una perspectiva ganadera

Una perspectiva ganadera

La degradación de suelos es el proceso a través del cual la tierra pierde en parte o totalmente su potencial productivo, convirtiendo las tierras fértiles en desiertos; de ahí el concepto “desertificación”.

Lamentablemente este proceso se encuentra estrechamente vinculado a la actividad humana, en especial a las actividades agropecuarias, tanto legales como ilegales, entre las que se encuentran: la tala de bosques y selvas, incendios provocados para conseguir tierras cultivables, el sobrepastoreo y las malas prácticas agrícolas como el monocultivo.

A este respecto, Mayra Elena Gavito, miembro del Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad (IIES) de la UNAM, alertó del impacto negativo de la expansión del cultivo de aguacate en Michoacán, mismo que calificó de incontenible, ya que se trata de una siembra altamente rentable y popular, cuya propagación absorbe bosques y demanda gran cantidad de agua.

La especialista también señaló a la ganadería para la producción de carne destinada al consumo humano, como el factor que más promueve la aridificación del suelo, además del alto impacto que también tiene la agricultura forrajera, que redunda en la producción pecuaria.

Todo indica que la producción de alimentos se encuentra en conflicto con el equilibrio ecológico, y para revertir esta situación es indispensable transformar los modos de producción para incluir la sustentabilidad como eje de toda actividad relacionada.

Experiencias en otras partes del mundo nos advierten que de no hacerlo, los suelos que hoy sustentan nuestra alimentación terminarán por agotarse, lo que implicaría una crisis hídrica y el desplazamiento forzoso de los asentamientos humanos en las tierras afectadas.

Según la ONU, para 2050, la demanda global de agua potable crecerá más de 40%, y al menos una cuarta parte de la población del planeta vivirá en países con una “crónica o recurrente” escasez de agua potable.

Para México esto es un problema actual y el riesgo es inminente: la zona de los ríos en Tabasco sufre la peor sequía de los últimos 30 años, que ya paralizó el 80% de la agricultura regional y causó grandes pérdidas a la ganadería. Con el río Usumacinta en niveles de agua históricamente bajos, se ha reportado la reducción en los hatos ganaderos por muertes a causa de la sequía.

En atención a este serio problema, el Gobierno de México ha desplegado el programa de reforestación “Sembrando vida”, a través de la Secretaría del Bienestar en 19 entidades federativas, y ha encomendado a la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader), capacitar a los productores en las buenas prácticas agropecuarias que reviertan este proceso.

Hoy más que nunca comprendemos la urgencia de transformarnos como sociedad para ser capaces de preservar nuestros recursos naturales y asegurar el sustento de la vida humana en el planeta. Días como hoy, nos permiten retomar con más fuerza el trabajo de construir juntos el futuro.