Violencia electoral, el otro rostro de la imposición

Violencia electoral, el otro rostro de la imposición

El poder público y el uso de la fuerza están íntimamente relacionados. Ha sido a través de la violencia que los grandes cambios históricos han tenido lugar. En México, desde el periodo prehispánico, pasando por la invasión española, la independencia, las intervenciones de Estados Unidos y Francia, la reforma, la guerra cristera, la revolución y un largo etcétera dan muestra de ello.

No obstante, y paradójicamente, estas luchas han pretendido traer periodos de paz a nuestra sociedad. Después de la revolución mexicana y de la promulgación de nuestra constitución de 1917, comenzamos un periodo de transición hacia la institucionalización de los derechos sociales. En 2011 la reforma constitucional que introdujo el concepto y jerarquía de los derechos humanos a nuestra vida pública también ha sido un parte aguas para nuestro sistema jurídico, todo en pos de proteger la dignidad humana y ejercer el poder de forma pacífica.

No obstante la violencia está desatada en nuestro país. Durante el segundo periodo de gobierno federal panista, encabezado por Calderón, se comenzó cruenta lucha con buenas intenciones –quiero pensar-, pero con pésimos resultados. Hoy en día esa guerra no ha dado sino muertes, desapariciones e inseguridad, mientras el tráfico de drogas, armas y seres humanos aumenta en forma desmedida.

Lastimosamente la violencia que se vive en México se focaliza en ciudades norteñas que alguna vez tuvieron la esperanza de impulsar la industrialización y el crecimiento económico de nuestro país, y en profesiones que siempre resultan “incómodas” al narcogobierno, como es el caso del periodismo.
Es por ello que el caso emblemático del asesinato de Miroslava Breach Velducea, periodista de Chihuahua que señaló los nexos entre el narcotráfico, el PAN y el PRI, nos dice mucho de nuestra realidad política.

La violencia política y electoral es una vieja táctica priista que algunos partidos han adoptado como mecanismo de acceso y retención del poder. Recordemos el caso de los provocadores y golpeadores que han asolado las reuniones de Claudia Sheinbaum, precandidata de Morena al Gobierno de la capital, esta vez presuntamente orquestados desde el PRD.

Como ciudadanos conscientes de la necesidad de un cambio real, profundo, sistemático e institucional, rechazamos cualquier muestra de violencia. Como ha dicho Andrés Manuel López Obrador, precandidato de Morena a la presidencia de la república, nuestra lucha es pacífica.

Siempre antepondremos la fuerza de la verdad y los valores a la mentira y la podredumbre política. Estaremos siempre vigilantes del respeto a la dignidad de cada persona que viva en nuestra tierra y de las instituciones que hemos tardado muchos años en edificar. No podemos permitir que la corrupción y ambición de un pequeño grupo nos robe nuestra herencia patriótica.

Este momento histórico nos conmina a ser valientes, inteligentes, pacientes e inquebrantables. No nos detendremos ante los hostigamientos, amenazas o actos de violencia. Recordemos que somos muchos los que estamos en este movimiento y nunca estaremos solos. Denunciemos cada atropello y enfrentemos la adversidad con la frente en alto, que la victoria ya se acerca.