Votar por el PRI o el PAN es retroceder.

Votar por el PRI o el PAN es retroceder.

Desde Miguel Alemán, hasta Ernesto Zedillo, el PRI gobernó México como partido hegemónico, casi sin oposición alguna. Fue hasta el año 2000 cuando la ilusión de un cambio llevó a la silla presidencial a Fox y en 2006 a Calderón, dos panistas que también estuvieron envueltos en escándalos de corrupción (recordemos a los amigos de Fox), y que desataron la violencia en el país (con la absurda declaratoria de guerra contra el narcotráfico).

Pasando los años vemos que ni el PAN ni el PRI tienen un verdadero proyecto de nación. Desde el gobierno de Salinas, simplemente se han limitado a impulsar las reformas diseñadas desde el extranjero, vendiendo las empresas nacionales y entregando nuestras riquezas naturales.

Las reformas laborales han empobrecido intencionalmente a la clase trabajadora mexicana, como han reclamado organizaciones no gubernamentales de orden nacional e internacional, así como representantes de otros países, como es el caso de Canadá. La reforma Energética encareció el p0recio de los combustibles y generó una gran inflación.

La reforma “educativa” dividió a la sociedad y generó un clima de malestar general en el profesorado nacional sin resultados positivos, según la misma Auditoría Superior de la federación (ASF).

La estrategia de seguridad que tercamente se mantiene ha convertido a México en uno de los países más peligrosos del mundo, sobre todo para ejercer el periodismo.

También la corrupción ha ido en escalada, desde presidentes municipales, gobernadores y hasta el propio presidente de la república, Enrique Peña Nieto.

Ahora escuchamos en spots de televisión la misma campaña de hace dos sexenios en contra de Andrés Manuel López Obrador, candidato presidencia de la coalición “Juntos haremos historia”, conformada por Morena, Partido del Trabajo y Partido encuentro social. Dicha campaña amenaza una vez más con retirar políticas públicas financiadas con dinero público como si fuera dinero del PRI o del PAN.

Una virtual victoria de Anaya o Meade (que por ahora están enfrascados en una lucha por el segundo lugar), sí representaría un retroceso. Por un lado Meade representa lo peor del rancio priismo corrupto y con un inviolable pacto de impunidad, significaría la continuidad de un modelo económico y social neoliberal que ha recrudecido las contradicciones de clase en la sociedad mexicana. Por el otro, Anaya representa al mismo grupo de poder corrompido al que pertenece Guillermo Padres, actualmente preso acusado de varios delitos de corrupción, de Diego Fernández de Cevallos y Carlos Salinas de Gortari.

Sólo el proyecto que encabeza Andrés Manuel tiene un grato recuerdo de su paso por la jefatura de gobierno del entonces Distrito Federal. Con un proyecto que voltea a ver al campo, al rescate de Pemex, a mejorar salarios, pensiones, becas y ampliar la oferta educativa.

Es así como la esperanza se sobrepone al pasado. Con una actuación ciudadana responsable con el pasado y comprometida con el futuro, con valor de enfrentar al régimen del PRIAN y con el ímpetu de regenerar a la nación mexicana. Venceremos.