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Desde mis inicios como servidor público, he mantenido la certeza de que sólo los ciudadanos pueden dirimir y participar de los asuntos del gobierno y la política, siendo ellos los principales beneficiados y también los más perjudicados por decisiones tomadas sin su consentimiento y su participación.

 El éxito de las mujeres es sinónimo de una mejor sociedad

Para superar los desafíos socioeconómicos que nos plantea la actual pandemia, cuya duración e impacto han sido más profundos de lo que se esperaba en un primer momento, será de vital importancia la participación de todas y todos los mexicanos. Estamos ante una valiosa oportunidad para reconocer e impulsar el importante papel de las mujeres en todas las esferas de la vida pública, incluyendo la economía. Es verdad que en México hemos avanzado con leyes a favor de la equidad de género, y en el caso particular de los puestos de gobierno y la educación, esta igualdad se manifiesta con porcentajes equilibrados entre hombres y mujeres. Ahora es momento de que esta equidad también se refleje en el ámbito industrial y económico. De acuerdo con el INEGI, en nuestro país tres de cada cinco nuevas mipymes son lideradas por mujeres, pero en rubros como la investigación, ciencias, construcción, sector metalmecánico y altos puestos directivos aún sigue existiendo una marcada brecha de género. Si consideramos que más del 50% de nuestra población y de los egresados de las instituciones de educación superior son mujeres, esto significa que estamos desaprovechando una buena parte de nuestro capital humano. Las mujeres son una parte fundamental de la economía, y es clave ofrecerles igualdad de oportunidades para aprovechar al máximo su talento y potencial, porque el éxito de las mujeres es sinónimo de una mejor sociedad y un país más próspero.

Para alcanzar la equidad empresarial, económica y política es necesario cerrar las brechas de género, comenzando por la educación de las niñas y niños, para inculcarles los valores de respeto, igualdad y libertad, y romper con los paradigmas que lastran el potencial de las mujeres y el país. Las labores científicas, empresariales e industriales pueden ser realizadas por cualquier profesionista capacitado, mujeres y hombres, por lo que es factible proponer cuotas e incentivos de género como ya se ha realizado en el gobierno, con flexibilidad y respeto a los lineamientos laborales existentes, y favorecer así la presencia de mujeres en la industria y en la ciencia. Además, las políticas públicas deben ser sensibles a las necesidades de las mujeres: el 73% de las mujeres trabajadoras también son madres de familia, por lo que se requieren permisos de maternidad, financiamientos especialmente diseñados de acuerdo con sus necesidades, y apoyo a madres solteras para que puedan continuar con su desarrollo laboral y profesional. Además de empresarias y profesionistas, las mujeres dedicadas a la crianza de los hijos y el trabajo doméstico también realizan una enorme aportación a la economía, y estas actividades son dignas y trascendentales, por lo que es fundamental ofrecerles seguridad social y reconocer su aportación y esfuerzo. Al respecto, en la actual administración se ha dado un paso significativo con las reformas a la Ley Federal del Trabajo, reconociendo así los derechos y prestaciones laborales de las trabajadoras del hogar.

Otro punto cardinal es generar confianza en las mujeres y concientización entre los hombres, para que sean reconocidas plenamente en la sociedad como pares igualmente valiosas. Programas de empoderamiento para las mujeres y de difusión de mujeres exitosas en la ciencia y la industria pueden impulsar el reconocimiento de las mujeres y la confianza en sus grandes aptitudes, en saber que son fuertes y capaces de abrirse camino en cualquier ámbito laboral y económico.

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